Gangrena

Gangrena es un término que se aplica a la putrefacción de los tejidos muertos, cualquiera que haya sido la causa. La palabra procede del griego y significa “roer”. Es conocida también como MIOSITIS POR CLOSTRIDIOS.

La gangrena es una enfermedad infecciosa de carácter grave, caracterizada por toxemia, edema considerable, formación de gas y necrosis de la zona. Es mortal si el tratamiento no es inmediato.

La gangrena aparece cuando se infecta una herida o se destruyen tejidos después de un accidente, cuando se bloquea o reduce significativamente el flujo de sangre a una parte del cuerpo.

Al interrumpirse el flujo de sangre, se facilita la infección, clásicamente por Clostridium perfringens, un pariente de las bacterias del tétanos y el botulismo.

Una de las principales causas por la que aparece la gangrena es la congelación que destruye la red vascular, sobre todo en las manos o en los pies. La arteriosclerosis, las quemaduras de tercer grado, la diabetes no tratada, las infecciones persistentes, las magulladuras severas y la embolia también pueden terminar en una gangrena. Desgraciadamente, muchas veces no queda más alternativa que la amputación para evitar que se extienda hacia otras partes del cuerpo.

La gangrena no es una forma especial de necrosis, es una forma particular de evolución de una necrosis, la cual está condicionada por ciertos gérmenes. Estos gérmenes actúan sobre las proteínas, especialmente sobre la hemoglobina, y los productos de descomposición dan la coloración negruzca característica de la gangrena. Patogenéticamente hay dos formas distintas de gangrena: la isquémica y la infecciosa.

La gangrena puede ocurrir cuando una parte del cuerpo pierde su suministro sanguíneo, lo cual puede suceder por ejemplo a raíz de una lesión o una infección. Una persona tiene un mayor riesgo de presentar gangrena si tiene:

  • Diabetes.
  • Enfermedad vascular (como arterioesclerosis en los brazos o las piernas).
  • Una lesión.
  • Una cirugía.
  • Inmunosupresión (por ejemplo, por VIH o quimioterapia).

La Gangrena isquémica se produce en la piel y tejidos blandos subyacentes, con mayor frecuencia en las extremidades inferiores debido a obstrucción arterioesclerótica. La necrosis se produce por la isquemia y sobre el tejido necrótico actúan secundariamente los gérmenes saprófitos de la piel. Según cuáles sean las condiciones del tejido comprometido, se produce una gangrena isquémica seca o húmeda.

  • Gangrena seca: En esta forma la evaporación del agua produce rápidamente una desecación de la piel comprometida, que se transforma en una lámina acartonada, pardo negruzca, seca. El territorio comprometido queda bien demarcado, los gérmenes no penetran en la profundidad, no se produce intoxicación del organismo.
  • Gangrena húmeda: Especialmente cuando hay edema o la piel está húmeda, los gérmenes penetran en los tejidos subyacentes, donde proliferan y dan origen a un estado tóxico; el territorio comprometido, pardo verduzco, no queda bien delimitado.

En la Gangrena infecciosa la necrosis y la gangrena son producidas por gérmenes; gérmenes anaeróbicos que actúan sobre tejidos ya desvitalizados generalmente por una inflamación. Esta forma de gangrena se observa en las vísceras, en que el territorio comprometido aparece reblandecido, friable, en forma de colgajos, a veces con burbujas de gas producido por los gérmenes. La gangrena infecciosa es altamente tóxica, se la encuentra como complicación de bronconeumonías o pneumonías, apendicitis, colecistitis, metritis y otras inflamaciones.

Los síntomas de la gangrena dependen de la localización y causa de la gangrena. Si el área afectada involucra la piel o está cerca a ésta, los síntomas pueden ser:

  • Decoloración (azul o negra si la piel está afectada; roja o bronce si el área afectada está por debajo de la piel).
  • Pérdida de la sensibilidad que puede ocurrir después de dolor severo en el área.
  • Secreción maloliente.

Si el área afectada es interna, como en el caso de gangrena de la vesícula biliar o la gangrena gaseosa, los síntomas pueden ser:

  • Dolor persistente o severo.
  • Fiebre.
  • Gases en los tejidos bajo la piel.
  • Sensación general de malestar.
  • Shock séptico.

La gangrena se puede prevenir si se trata antes de que el daño tisular sea irreversible. Se deben tratar las heridas de manera adecuada y observarlas cuidadosamente para buscar signos de infección (tales como enrojecimiento que se propaga, inflamación o secreción) o incapacidad para sanar.

El tratamiento habitual es la cirugía de desbridamiento y la escisión con amputación necesaria en muchos casos. Los antibióticos solos no son eficaces porque no penetran suficientemente los músculos isquémicos. Sin embargo, se administran antibióticos como un tratamiento suplementario a la cirugía. Además de la cirugía y los antibióticos, en algunos casos se intenta la oxigenoterapia hiperbárica, que actúa como inhibidor de crecimiento y matando las bacterias anaeróbicas Clostridium perfringens.

Las personas con diabetes o enfermedad vascular deben examinar en forma rutinaria sus pies para buscar cualquier signo de lesión, infección o cambio en el color de la piel y buscar atención médica en la medida de lo necesario para lograr prevenirla a tiempo y así evitar que se propague y con el tiempo se deba amputar cualquier área del cuerpo a causa de ella.


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