Síntomas pie diabético

Las personas que sufren diabetes comúnmente desarrollan problemas del pie,  y puede agravarse rápidamente, debido a la disminución en la capacidad del cuerpo para combatir infecciones.

El pie diabético es una infección, ulceración y/o destrucción de los tejidos profundos relacionados con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las enfermedades inferiores que afecta a pacientes con diabetes mellitus

Es importante remarcar que no debe confundirse “pie diabético” con el pie de una persona diabética, ya que no todos los diabéticos desarrollan esta complicación que depende en gran medida del control que se tenga de la enfermedad, de los factores intrínsecos y ambientales asociados al paciente y en definitiva del estado evolutivo de la patología de base.

Una persona con diabetes puede no ser capaz de sentir sus pies correctamente. La secreción de sudor normal y la producción de aceite que lubrica la piel del pie se ve afectada. Estos factores juntos pueden conducir a una presión anormal en la piel, los huesos y las articulaciones del pie al caminar y puede llevar a la ruptura de la piel del pie con lo que pueden desarrollarse llagas en la planta del pie.

El daño a los vasos sanguíneos y el deterioro del sistema inmunológico debido a la diabetes hacen que sea difícil de curar estas heridas con lo que se llega a desarrollar infecciones. Estas infecciones pueden convertirse en gangrena.

Debido a la mala circulación, los antibióticos no pueden llegar al sitio de la infección fácilmente. A menudo, el único tratamiento para esto es la amputación del pie o la pierna. Si la infección se propaga al torrente sanguíneo, este proceso puede ser potencialmente mortal.

Las personas con diabetes deben ser plenamente conscientes de cómo prevenir problemas en los pies antes de que ocurran, para detectar pronto los problemas, y buscar el tratamiento adecuado cuando se producen problemas. Aunque el tratamiento de problemas del pie diabético ha mejorado, la prevención – incluyendo un buen control del nivel de azúcar en la sangre – sigue siendo la mejor manera de prevenir las complicaciones diabéticas.

Las personas con diabetes deben aprender a examinar sus propios pies y cómo reconocer los signos y síntomas tempranos de problemas del pie diabético.

También deben aprender a reconocer cuándo llamar al médico, y cuando un problema se ha vuelto lo suficientemente grave como para buscar tratamiento de emergencia.

Los principales síntomas del pie diabético son:

Calambres que se agravan por la noche, parestesias y dolor que en ocasiones es muy intenso y se acompaña de hiperestesias, hasta el punto de que el paciente no tolera el roce de las sábanas.

La pérdida de la sensibilidad vibratoria es uno de los síntomas más precoces. Hay una disminución o abolición de la sensibilidad propioceptiva.

La hipoestesia (disminución de la sensibilidad) permite que se produzcan lesiones que son advertidas tardíamente por los pacientes.

Además se producen variaciones de la estática del pie, con modificación de los puntos de apoyo igual que en los no diabéticos, por atrofia muscular o defecto del crecimiento (pie plano, dedos en garra, alteraciones del alineamiento de la pierna, pie cavo, diferencias de longitud de los miembros, hallux valgus, etc.). Además, en las personas diabéticas se altera el apoyo por la neuropatía motora, la osteoartropatía y las amputaciones.

Tanto la neuropatía sensitiva como la autonómica contribuyen a disminuir el trofismo (conjunto de funciones orgánicas relacionadas con la nutrición de los tejidos) de la piel, favoreciendo el desarrollo de úlceras tróficas y éstas suelen ser la puerta de entrada de diversos gérmenes.

La neuropatía motora causa atrofia e hipotrofia muscular, fundamentalmente de los interóseos y lumbricales. Esto produce una modificación de los puntos de apoyo del pie generando hiperqueratosis, luxaciones articulares y deformaciones del pie, imposibilidad del paciente para separar los dedos entre sí (signo del abanico patológico), disminución o ausencia de los reflejos osteotendinosos, especialmente los aquilianos.

El mal perforante plantar, es una complicación frecuente que consiste en una ulceración crónica, tórpida, de bordes netos, a veces profunda, indolora, que asienta habitualmente en los puntos de apoyo (cara plantar del primero al quinto metatarsiano o talón cavo). Es producida por la opresión reiterada por la marcha en zonas hipoestésicas y de mal trofismo y conduce a la infección del tejido subcutáneo.

En general, el pie de los diabéticos no es examinado adecuadamente en búsqueda de alteraciones ortopédicas y podológicas, las cuales si son prevenidas o tratadas precozmente producen menos complicaciones.

El paciente diabético presenta una notoria predisposición a las infecciones dada por:

  • La pérdida de la barrera protectora de la piel
  • Por alteraciones de la inmunidad en la diabetes mal controlada.
  • Por la falta de vitalidad de la piel como consecuencia de la neuropatía y la disminución del flujo causada por la vasculopatía.
  • Es muy común la micosis de uñas y tegumentos, lo cual favorece la infección bacteriana

 

Las infecciones de piel se clasifican en:

Leves

Hay una úlcera superficial, mínimo pus y celulitis, sin síntomas ni signos de diseminación.

Moderadas

La úlcera es más profunda, hay absceso plantar, con celulitis del pie al tobillo. Hay fiebre moderada y leucocitosis con desviación de la fórmula a la izquierda.

Severas

Los pacientes presentan descompensación de la diabetes, estado séptico, difusión a la pierna, letargia, fiebre alta, gas y crepitación en el tejido. Hay que descartar la infección por anaerobios, sugiriendo la misma el mal olor, la presencia de tejido necrótico, gas en el tejido y drenaje espeso.

La gangrena es la expresión máxima de la insuficiencia arterial.

Es habitual la ausencia de pilosidad en la pierna y a veces en los dedos. En caso de isquemia, la piel está atrófica, delgada y pálida, existe disminución en el crecimiento de las uñas. Hay disminución de la temperatura de la piel y existe ausencia de pulsos periféricos.

 Se recomienda realizar una observación diaria del pie (al menos 2 ó 3 veces a la semana) con la finalidad de detectar posibles lesiones de la piel o uñas. Si la persona afectada es incapaz de realizarla, recomendamos la ayuda de alguien allegado.

 Además se debe tener el cuidado de tratar de manera adecuada el pie diabético para evitar así complicaciones y cualquier infección se convierta en severa para disminuir de esta manera el riesgo de alguna amputación.